Siempre me he declarado en contra de grupos extremistas-ideológicos, tanto a nivel local, como a nivel internacional. Tal ves mi postura no sea de gran testimonio, al fin y al cabo es una posición personal, pero muy clara: el cómo se hacen las cosas es muy importante, el fin nunca justifica los medios.
El tener como pretexto una "idea" para una posición política o para justificar una patología es pan de cada día, simplemente no se vive en la realidad, se vive en el "idealismo dogmático".
Varios grupos "idealistas" toman el nombre de un "valor" o "ideal" para lastimar, dañar o ser agresivos, es una pena, ya qué desprestigian a las personas que realmente buscan un bien común o alzan la mano para dialogar.
Agrego un fragmento de una entrevista, con motivo de la presentación del libro de Patrick Moore, quién con pesar describe, los tiempos "aquellos" cuando fundó Greenpeace con algunos amigos y en lo que se a convertido-degenerado dicha organización, me parece que es interesante hacer un análisis de la información.
...aporta también un dato significativo: de los miembros fundadores de Greenpeace él era el único que tenía el doctorado en Ecología. Por su fama de riguroso en los datos y por su negativa a engordar los datos se ganó el apodo de “Doctor verdad”, que no siempre utilizaban como un cumplido.
Sin embargo, a principio de los 80 el panorama cambió para Moore. En una conferencia sobre medio ambiente que la ONU celebraba en Nairobi, descubrió el concepto de “desarrollo sostenible”. Fue cuando constató las dos posturas que existían dentro de los activistas: los de los países desarrollados se oponían por principio al desarrollo económico, mientras que los de países pobres eran favorables. “Era complicado rebatir sus argumentos”, dice refiriéndose a estos últimos. Y añade: “una persona bien alimentada tiene muchas preocupaciones, una persona hambrienta solo tiene una”. Mantener el equilibrio A partir de esta conferencia Moore se dio cuenta de que el verdadero reto era buscar el modo de hacer que los valores ecológicos que habían ayudado a crear sirvieran para hacer mejor la vida de la gente, y esto tenía que ser realizado de manera que no perjudicara al desarrollo económico: “era claramente una cuestión de equilibrio, de difícil equilibrio; no de adherirse dogmáticamente a un principio”. En otras palabras, su nueva misión requería ser moderado y constructivo, dos notas que nunca habían caracterizado la idiosincrasia de Greenpeace: “No habíamos tenido problema con la confrontación –habíamos hecho un arte de ella–, pero no éramos buenos cooperando ni consiguiendo compromisos”. Y aquí empezó a distanciarse de los demás miembros de Greenpeace: “Al mismo tiempo que yo me convertía en menos militante y más diplomático, mis colegas se volvieron más extremistas e intolerantes con las opiniones discordantes dentro de la organización” Posturas más extremas El otro causante de su alejamiento de Greenpeace fue un hecho paradójico: al aceptar las instituciones gran parte de las posturas del movimiento verde, sus miembros fueron adoptando opiniones más radicales. “Cuando la mayoría de la gente está de acuerdo con tus ideas razonables, el único modo que te queda para seguir siendo contestatario y antisistema es adoptar posturas más extremas”, dice Moore. Además, con el fin de la Guerra fría y la caída del bloque soviético, el movimiento pacifista se desmanteló, y muchos de sus componentes recalaron en Greenpeace, con unas ideas que tenían más que ver con el rechazo del capitalismo y la globalización que con la ciencia o la ecología. Desde entonces, el autor ha hecho la guerra por su cuenta. Sigue siendo un ecologista activo –dirige el grupo Greenspirit Strategies de Vancouver–, pero ha modificado algunas de sus posturas, y, según dice, no por acomodamiento, sino por realismo. El concepto que sustenta sus nuevas propuestas es el de sostenibilidad, que requiere “comprender a la especie humana como un elemento positivo en la evolución” y no como un error fatal de la naturaleza. En el libro ahora publicado, Moore concreta algunas de esas nuevas propuestas, en su mayor parte opuestas al discurso oficial del ecologismo contemporáneo. Entre otras cosas, piensa que debemos plantar más árboles y utilizar más madera, en vez de cortar menos árboles y usar menos madera, pues la madera es el material renovable más importante. Considera que la energía nuclear, que ha demostrado ser limpia y segura, es esencial para nuestro futuro suministro energético. Esta a favor de los alimentos genéticamente modificados, para mejorar la nutrición en el mundo. No ve nada malo en que los países que gozan de importantes potenciales de energía hidroeléctrica construyan las centrales necesarias para explotarla. Y, en suma, piensa que la pobreza es el peor problema medioambiental. El artículo completo: http://www.aceprensa.com
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