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Las páginas amarillas de una revista científica

Descalificaciones personales,religión, moral, bioética, pragmatismo,ciencia, racionalismo, dogmatismo, DINERO, etc.

Si suena familiar, es por que estos temas se han tratado de manera punzante gracias a la administración de Obama, por aquellas personas conscientes de lo que la ciencia sin ética o moral puede ocasionar.

Aquellas personas conscientes y con cierta educación se preguntan, ¿por que se gasta tanto dinero en proyectos, que a la vista son inutiles a la sociedad y al mundo?,¿evitar el dolor o seguir viviendo hedonistamente es un objetivo de la ciencia?,¿cuales son los intereses de las personas e industrias que financian dichos proyectos e investigaciones científicas con las células madre?, tantos esfuerzos por la administración de Obama para sacar adelante estos proyectos, ¿no molesta y lastima a los legisladores socialmente comprometidos?,¿no hay cosas más importantes en la agenda científica?. En fin, tantas y tantas preguntas que han despertado a los científicos comprometidos con la educación y la vida, enojados, ciertamente, con la "ciencia" que en realidad es un lobo disfrazado de borrego, llena por dentro de  intereses personales, política, búsqueda de poder, egoísmo y mucho, mucho dinero. 

Algunos científicos han defendido su posición sin moral, porque los inversores no tienen mas tiempo y quieren resultados. La humanidad se hace presente en estos deshumanizados investigadores, científicos y doctores.

¿Y como responden los medio de información "pseudo científica"?, de la siguiente manera:

En uno de sus últimos números, la revista británica Nature publica un reportaje en el que caricaturiza a Theresa Deisher, una fisióloga molecular que trata de impedir ante los tribunales que se financie con dinero público la investigación con células madre embrionarias. Sorprende que una revista científica del prestigio de Nature haya optado por el ataque ad hominem.

Acostumbrada desde joven a ver al feto como “un amasijo de células”, Theresa Deisher ha ido cambiando sus posturas poco a poco. En esa transformación han influido sus años de experiencia en los laboratorios, así como su regreso –“tras un proceso largo y lento”– a la práctica religiosa.

Doctora por la Universidad de Stanford y experta en medicina regenerativa, Deisher saltó a la opinión pública norteamericana en agosto de 2009 cuando decidió recurrir la decisión de la Admistración Obama de autorizar la financiación pública –prohibida durante el mandato de George W. Bush– de aquellos proyectos de investigación que utilicen células madre embrionarias.

El recurso, interpuesto junto con otro científico, logró que un juez federal del Distrito de Columbia ordenara en agosto de 2010 la paralización cautelar del plan. Pero la Administración Obama recurrió la sentencia y, en septiembre, un tribunal de apelación de Washington levantó la suspensión.

El caso podría llegar al Tribunal Supremo de Estados Unidos; si éste dictara una sentencia a favor de Deisher, pondría punto final en ese país a la financiación federal de tales investigaciones. Se comprende la trascendencia del pleito y su repercusión mediática.

Cóctel informativo

Bajo el título “La cruzada”, el reportaje de Nature (10-02-2011) ofrece un retrato sesgado de Deisher. La entradilla sitúa bien por dónde van los tiros: “Hubo un tiempo en que Theresa Deisher abandonó la religión por la ciencia. Ahora, tras recuperar la fe, combate ante los tribunales la investigación con células madre [embrionarias]”.

Meredith Wadman, corresponsal de Nature en Washington y autora del reportaje, mezcla muy distintos ingredientes en su cóctel informativo: la ciencia con la religión, la religión con la política, la política con la ciencia...

Wadman no entra a debatir los argumentos de Deisher. Prefiere centrarse en su persona para extraer anécdotas de lo más variopintas: que si el primer feto que vio le pareció un alienígena; que si reza el rosario en bicicleta; que si se encuentra sola en algunos debates...

En la versión de Wadman, Deisher sería una cruzada medieval que se lanza a combatir la investigación con células madre embrionarias sólo porque su fe se lo exige. Es cierto que algunas de sus declaraciones o episodios de su vida –al menos los seleccionados para el reportaje– dan pie a pensar esto.

Pero, a juzgar por su carrera profesional, no parece que Deisher sea una “iluminada” enemiga del progreso. Tras doctorarse en fisiología molecular y celular por la Universidad de Santford, ha trabajado durante 17 años en empresas de biotecnología. En ellas ha realizado importantes investigaciones con células madre.

¿Estrictamente científico?

Uno de los momentos estelares del reportaje de Nature es cuando entra en escena Chuck Murry, codirector del Instituto de Células Madre y Medica Regenerativa de la Universidad de Washington y compañero de estudios postdoctorales de Deisher.

La define como “una especie de Sarah Palin de las células madre”. En cambio, él se presenta como un investigador puro y duro; sus experimentos con células embrionarias los realiza siempre “con una perspectiva estrictamente científica y al margen de posturas morales polarizadas”.

El discurso de Murry es enardecedor. Pero quedaría más completo si se añadiera lo que dicen sus colegas del Instituto de Medicina Regenerativa de California. Considerado durante años como el ariete de la investigación con células embrionarias, este Instituto decidió pasarse el año pasado a investigar con células madre adultas cuando sus inversores les dijeron que querían más resultados y menos promesas (cfr. Aceprensa, 4-02-2010).

La decisión de los directivos del Instituto de California no tiene nada que ver con la moral ni con la religión. Si por ellos fuera, seguirían investigando con células embrionarias. Pero, cuando inversión obliga, optaron por ir a lo seguro: las células madre adultas.

El pragmatismo de los investigadores del Instituto de California es patente. A Deisher, este planteamiento le parece insuficiente: antes que los resultados, deberíamos preguntarnos por las objeciones morales que plantea la experimentación con embriones humanos.

Al final, uno se pregunta si la cruzada más belicosa es la de Deisher contra el uso de células embrionarias o la de Nature contra Deisher. Con su empeño por combatir a quien considera una enemiga de la ciencia, Nature parece no advertir que los ataques personales dan a sus páginas tintes de prensa amarilla.

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