Esperando encontrar un análisis o dialogo completamente diferente, la sagacidad e inteligencia de Pablo J. Ginés, me ha dejado un grato sabor de boca, pero para entender mi sentimiento, hay que leerlo de inicio a fin.
Después de esto ya me entro la curiosidad de ver dicha película, aunque debo decir que todavía no estoy totalmente convencido.
Saludos. JE Mora-R.
Valor de ley -True Grit-: Biblia, venganza y huesos secos
Con 10 nominaciones al Oscar, este western sorprende por su aroma anterior a mayo del 68
Estamos tan acostumbrados a adolescentes narcisistas, blandos o amorfos, y a diálogos llenos de groserías y palabrotas, y a guiones llenos de tensión sexual, cuando no simples relaciones, que este western de los Hermanos Coen nos asombra por contraste, por carecer de todo ello. Es como una ráfaga de aire fresco. La causa es que el guión es una adaptación bastante fiel de una novela de Charles Portis de los años 60, que se vendió muchísimo en esa década y que contó incluso con una adaptación del mismo título en 1969 (también bastante fiel y que ha envejecido dignamente, protagonizada por el mismísimo John Wayne).
Es decir, esta película es "pre-mayo del 68", pero con la calidad de imagen actual, la fotografía, vestuario y técnica elegante, un tanto fría y distanciada, de los Hermanos Coen, quienes la hacen suya siendo fieles a su espíritu original. El resultado ya ha sido reconocido con 10 nominaciones a los Oscar (incluyendo mejor película, mejor actor y mejor director) y con la mejor taquilla que han obtenido sus directores.
Todo empieza con un versículo: Proverbios 28,1: "Huye el malvado y nadie le persigue". La nueva Biblia de los obispos españoles traduce: "El malvado huye sin que lo persigan". En el contexto no está muy claro: ¿el autor se indigna de que no persigan a los malvados, o más bien señala con satisfacción que incluso sin ser perseguido, el malvado no puede descansar tranquilo, perseguido por el miedo y la inseguridad?
La película al principio parece apostar por lo primero: un criminal ha matado al padre de la jovencita Mattie Ross (una magnífica, genial, adorable Hailee Steinfeld), de 14 años. Mattie prevé que nadie va a perseguir al criminal, fugado a territorio salvaje. La niña resulta ser una implacable regateadora y conocedora de las leyes estatales... y las del Viejo Testamento. Cita a los salmos para expresar su confianza en la protección de Dios, y a los huesos secos de Ezequiel para reflejar la noche que pasa durmiendo en el almacén del enterrador, con varios cadáveres de criminales recién ejecutados. Y cita la ley, una y otra vez, amenazando con azuzar a su abogado para conseguir dinero y para presionar a los adultos. Pero, ¿mueve a Matti la justicia? No: es la venganza. Una venganza tranquila, metódica, que cree justificada y equilibrada. No le basta que el asesino de su padre sea juzgado o ejecutado por otro crimen. Tampoco necesita necesariamente matarlo con sus manos: le basta que él sepa que muere por matar a su padre.
En su cruzada recluta a Rooster Cogburn (Jeff Bridges), un alguacil borracho, tuerto y pendenciero. Alguien a quien poder presionar y controlar... pero también de quien aprender instinto y flexibilidad. Se les suma (contra su voluntad) el caballeroso Laboeuf (Matt Damon), ranger de Texas. Ambos pistoleros se pavonean ante la chica de sus supuestas hazañas: "yo disparo con carabina a 400 metros", "yo cargo solo contra siete y los hago huir".
El lenguaje de Mattie, culto, articulado, elegante, es algo nunca visto en un personaje adolescente en el cine desde hace décadas. El del ranger LaBoeuf es también peculiarmente florido. Y el hosco y gruñón tuerto va abriendo su corazón a la niña y tomándole cariño: ella es la mujer fuerte de la que habla la Biblia. Es triste que al final la hiera la serpiente.
Porque ella asegura que "aunque pase por el valle de la muerte no temeré", y efectivamente, caerá en una cañada oscura, con esqueleto y todo. Y ha dormido con los muertos, ha estado en el valle de los huesos secos, ha sobrevivido a todo eso. Incluso ha recibido un bautismo de agua, al cruzar el río embravecido para entrar en tierra salvaje. Y sin embargo, a Mattie siempre le faltará algo: le faltará un fuego que dé vida de verdad a sus huesos secos; su bautismo ha sido de agua, no de Espíritu y fuego. La Ley no da vida, no la suficiente. La verdadera justicia no es venganza. Ser inteligente, esforzado no es suficiente. "En esta vida todo tiene un precio, excepto la Gracia de Dios", dice ella. Pero ella nunca llegará a conocer la Gracia de Dios: ella vivirá siempre el mundo del pago y el precio, no el de la gratuidad. Ha leído sobre la Gracia, pero no la ha vivido.
Y ahí, en esa frialdad, esa falta de fuego, es donde la factura Coen se siente cómoda. La Gracia es mucho más incómoda que la ley, para muchos.
Tomado de : forumlibertad.com
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