El grito interior cuando buscamos desesperadamente la libertad y el amor, y hemos errado el camino (buscando donde no podemos encontrar), trata de despertar nuestra naturaleza humana: buscar la felicidad.
Por supuesto siempre podemos regresar al camino adecuado -tomando en cuenta que aunque será difícil, es el único camino (también hay que tomar en cuenta que las malas deciciones dejan huella en nuestra alma y personalidad para bien o para mal)-, la busqueda de la felicidad siempre se puede alcanzar con el educado y correcto uso de la libertad por medio de la recta razón.
Hoy, tomo de referencia a Oliveros F. Otero, en sus 20 objetivos educativos, que me he permitido modificar (con fines didácticos) en tan solo unas referencias no fundamentales, para recordarnos que debemos educarnos desde que nacemos hasta que morimos, y si la crisis familiar no permitió a nuestros padres ser buenos educadores (no por eso los debemos de juzgar), nos corresponde buscar esa necesidad de amor por nuestra cuenta, pero en el lugar donde realmente se encuentra y retornar a los seres queridos esta educación para la vida.
20 objetivos educativos para cada uno de nosotros:
Si el ser humano es persona, es un ser que piensa y hace:
1. Enseñar al ser humano a pensar.
2. Enseñarle a realimentar el pensamiento con información.
3. Enseñarle a informarse (distinguir entre información de calidad, anodina y reductora).
4. Enseñarle a decidir.
5. Enseñarle a hacer, como realización de lo decidido (por él o por otros).
Si el ser humano, como persona, es capaz de saber y de querer, convendría:
6. Enseñarle a ver, a darse cuenta, a hacerse cargo de lo que sucede, de las opciones entre las que se puede elegir, etc.
7. Enseñarle a convivir en la verdad (no en la mentira ni en la ambigüedad).
8. Enseñarle a hacer el bien, a hacer obras buenas, a hacer algo bueno en favor de otros.
9. Enseñarle a poner orden dentro de sí mismo, a organizarse, a establecer prioridades en su querer y en su hacer.
10. Enseñarle a buscar la verdad, a amar la verdad, a vivir la honradez.
11. Enseñarle a vivir como ser creado, a no creerse autosuficiente.
12. Enseñarle a querer a los demás, a quererlos mejores, a ayudarle a ser mejores.
Si el ser humano es una persona, es decir centro de intimidad y de apertura, convendría:
13. Enseñarle a cultivar su intimidad, aceptando o rechazando según criterios rectos y verdaderos, ideas, costumbres, ayudas, etc.
14. Enseñarle a abrirse, expresándose bien, escuchando, prestando sus mejores servicios, sabiendo dar y recibir.
15. Enseñarle a vivir armónicamente las virtudes humanas, a saber, la sinceridad, la generosidad, la reciedumbre, la laboriosidad, la sobriedad, etc.
16. Enseñarle a distinguir, por las luces de la razón y las lecciones de la experiencia, entre lo esencial y lo accesorio, y a vivir de acuerdo con esa distinción.
Si el ser humano, como persona, ha de prepararse para la vida feliz, que eso es la educación, convendría:
17. Enseñarle a ser responsablemente libre, superando ignorancias, perezas, cobardías y egoísmos, y a ser culto, desde el fundamento natural de su libertad, evitando la tiranía de las subculturas.
18. Enseñarle a ser feliz, también en el dolor, evitando la tiranía del hedonismo.
Si el ser humano ha venido a la vida en el seno de una familia cristiana y, por tanto, ha sido bautizado, convendría:
19. Enseñarle a ser imagen viva de Dios, viviendo con todas sus consecuencias la filiación divina y la filiación mariana.
Por ser hombre o mujer convendría:
20. Enseñarle a vivir su virilidad o su feminismo, respectivamente, ayudándole a desarrollar sus mejores cualidades. Debería destacarse, sobre todo, la importancia de la educación de la feminidad en la mujer, hoy.
Los medios para lograr estos objetivos en casa: autoridad, motivación, una casa agradable y bien distribuida -para convivir y para aislarse un poco-, unos encargos bien pensados para cada uno, unas tertulias familiares, unas conversaciones privadas con cada miembro de la familia, unas excursiones familiares, un tiempo de vacaciones responsablemente gastado (también para que tomemos contacto con el mundo del trabajo), un selecto ambiente de lecturas, una serie de alternativas en el hogar (no sólo televisión), etc.
Tomado del libro: Que es la orientación familiar. Oliveros F. Otero, EUNSA, 1995, Pamplona, España.
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