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by on 9 MARZO, 2011
El texto ha sido levemente recortado, para hacerlo menos dependiente del contexto de 2005 en que fué escrito. La fotografía de la nueva redaccion del diario parisino Libération no alude precisamente a su falta de profesionalidad. Justo hace unos días (en 2011), hemos podido saber del caso del periodista Denis Robert, ejemplo de coraje cívico y honradez inquebrantable, algo que contrasta con alguna de las inquietudes que pueden verse a continuación, en las que también quedan incluídos los lectores, oyentes o espectadores, cuando son más bien pasivos y quejosos que activos ante la comunicación pública. (…) [Quisiera] recordar algunas cuestiones inquietantes que hoy encontramos en el mundo de la comunicación. Trataré ahora de una de ellas. Más adelante podrán venir otras. La primera cuestión inquietante nace al corroborar que se pierde la perspectiva diciendo que en la historia de la comunicación hay tantas “innovaciones radicales” (sobre todo en las herramientas técnicas), que parece natural que esa historia esté plagada de sucesos “apocalípticos”. Cosa que sucede cuando se mira sólo la superficie de las cosas, haciendo luego tremendismo para conseguir audiencia. Viene a ser como hablar cada semana de la “boda del siglo”. Es cierto que a muchos nos gustaría ser románticos protagonistas o testigos de grandes sucesos revolucionarios, pero bien vistas las cosas, en el mundo de la comunicación hay más evoluciones que revoluciones. Y las primeras exigen de ordinario más preparación profesional y ganas de trabajar que las segundas, alimentadas sobre todo a base de buena voluntad, ilusiones y corajes. Lo que resulta inquietante es ver -en el mundo de la comunicación pública- abundante(s) falta(s) de profesionalidad. Inquieta ver demasiada mentalidad de espectadores y demasiado poca actitud de actores en la vida profesional, que es lo que hoy da vigor a la vida social. Inquieta lo que dice un amigo filósofo: que la nuestra parece una época de gentes bloqueadas e indecisas, entre un pasado que no termina de pasar y un futuro que no termina de llegar. Gentes que esperan que sean otros quienes hagan pasar ese pasado que parece que nos lastra y traigan un futuro, siempre visto como liberador. (Se trata de una nueva modalidad de aquel “¡que inventen ellos!”: ¡que decidan ellos!). (…) Es inquietante que en el mundo de la comunicación pública haya quienes, en efecto, no están ni en los “medios tradicionales” ni tampoco en los “nuevos medios”, porque a fin de cuentas resulta que no están realmente “en los medios” y en las necesidades concretas de la comunicación en cada día. Miran y hablan de ellos, pero inquieta comprobar que lo hacen desde fuera: están, quizá en “los negocios”, o quizá en “la política”, o simplemente en “la gestión”, cosas más cómodas, egoístas e impersonales de lo que parece a simple vista. Y esto no sucede solo a profesores en Facultades de Comunicación (que sucede), sino a profesionales de las redacciones y los talleres (y sobre todo de la gerencia) de los “medios tradicionales”, lo mismo que de los “nuevos medios”.Es inquietante ver profesionales de la comunicación pública que viven en un “¡ay!”, en un continuo sobresalto desconcertado. Y -lo que es mucho peor- provocando efectos desconcertantes en quienes esperan de ellos saber cómo están las cosas. Es inquietante ver falta de profesionalidad en un mundo que sale adelante a base de las profesiones y los profesionales. Sean éstos arquitectos, médicos, jueces, conductores de autobuses o comunicadores. Ante una cuestión inquietante como ésta, produce sosiego lo dicho por José Luis en la anotación que da pie a ésta. Y también causa sosiego, por ejemplo, ver la profesionalidad de James Bone, corresponsal de The Times en NY, poniendo ayer las cosas en su sitio (Where Is the Car?, en el Wall Street Journal) acerca de su profesionalidad periodística ante las narices de Kofi Annan, quien dijo que no era un “periodista serio” por insistir en una simple pregunta que le resultaba incómoda. Como causa sosiego leer [via 24/7] a Julián Gallo en La Nación, hablando de los presentes desafíos de Un nuevo periodismo. O a Dan Gillmor anunciando su Center for Citizen Media, en colaboración con UC Berkeley y Harvard. (…) [Publicado en eCuaderno, 28-12-2005]
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