A veces creo que como mexicanos, no somos honestos, ni con nuestra realidad, ni nuestro pasado, que a veces preferimos manipular la realidad y la historia con fines particulares, a modo de silenciar nuestros miedos y fracasos sociales, tal ves por eso podemos estar condenados como sociedad al fracaso, o tal ves el potencial es tan alto que podamos salir del tercer mundo en algún momento de nuestro futuro próximo.
Se nos olvida que en México existió una dictadura, muy diferente a la actual, pero tenemos el riesgo de regresar a ella.
Todos los países del tercer mundo tienen rasgos en común, y me parece que la falta de unidad del pueblo mexicano, es similar en la historia de otro país sumamente difícil de gobernar: Argelia.
Kapuscinski describe con gran genialidad, lo que sucede con la política en el tercer mundo.
Argelia se cubre el rostro.
Ryszard Kapuscinski.
Reportajes. Anagrama.2008. PP.118-119
En estas páginas pretendo defender a Ben Bella, como también defenderé a Bumedián. Ben Bella, no fue "el demonio" de la precipitada, nerviosa y demagógica declaración del 19 de junio, como Bumedián tampoco fue "reaccionario" de un artículo de Unitá. Ambos son víctimas del mismo drama que viven todos los políticos del tercer mundo cuando son honestos, honrados y patriotas. Fue el drama de Lumumba y de Nehru, y es el drama de Nyerere y de Sékou Touré. El quid de este drama consiste en la tremenda resistencia de la materia con que topa cualquiera de ellos al dar su primer, segundo o tercer paso en la cumbre del poder. Todos ellos quieren hacer algo bueno; empiezan hacerlo, y al cabo de un mes, de uno, de dos o tres años, ven cómo nada les sale bien, cómo todo se les escapa de las manos y se encalla en los implacables médanos del desierto. Todo se conjura para obstaculizar el camino trazado: el secular subdesarrollo, el primitivismo de la economía, el analfabetismo, el fanatismo religioso, las rencillas y luchas tribales, la ancestral hambruna, el pasado colonial con su política de aplastar física y psíquicamente a los conquistados, el chantaje de los imperialistas, la avidez de los corruptos, el paro, los balances negativos. Siguiendo semejantes caminos, el progreso resulta difícil. El político empieza a debatirse en su impotencia ante lo imposible. Busca la salida en la dictadura. La dictadura crea la oposición. La oposición prepara el golpe.
Y el ciclo vuelve a repetirse.
Si bien es cierto que este mecanismo puede adoptar formas diferentes, el esquema principal resulta, prácticamente invariable.
En el mundo del subdesarrollo, las dictaduras surgen como obedeciendo a una cierta regla de periodicidad. En muchos casos, no se trata de frutos de la ansia de poder que puedan tener algunos déspotas patológicos, sino de la consecuencia lógica de las condiciones que imperan en el país, en las cuales resulta imposible gobernar el estado de acuerdo con el modelo de Platón.
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