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miradadeulises.com: “De dioses y hombres”: La fe como arma para la paz

Lo coloco tal cual, no tiene desperdicio. 

“De dioses y hombres”: La fe como arma para la paz

[10/10] Pocas veces podemos hablar de una obra maestra del cine. En este caso, el francés Xavier Beauvois nos regala una con la película “De dioses y hombres”, que representará a su país en los Oscar®. En ella recoge los meses previos al secuestro y asesinato de siete monjes cistercienses a manos de los integristas islámicos, triste suceso sucedido en Tibhirine (Argelia) en 1996. Estos hombres llevaban años ayudando a todos con su presencia, favores y atenciones… sin tener en cuenta sus ideas, condición o religión. Los musulmanes de la zona les quieren y consideran como amigos, y ellos tratan de fomentar lo que les une y de participar en sus fiestas, problemas y cultura. Cuando sientan las presiones de los terroristas y del propio ejército argelino para regresar a Francia, su fe parecerá resquebrajarse y las dudas asaltarán a más de uno… porque no han ido a ese país para un suicidio colectivo, pero en cambio son su familia y su vida.

La mirada de Beauvois es tremendamente respetuosa y conciliadora, llena de matices y de hondura antropológica, penetrante hasta los entresijos más profundos que puedan explicar la decisión de unos hombres sin vocación de mártires. El director participa de la humanidad y tolerancia de estas personas ejemplares y modelos de convivencia, y nos muestra una vida de oración que les da la fe y confianza en Dios en tan crítica situación. Beauvois cala en el espíritu espiritual de los personajes y huye de los arquetipos: le interesa remarcar que la religión sabiamente entendida y vivida no conduce a la violencia sino lo contrario, y evita los juicios globales peyorativos sobre los musulmanes… tan frecuentes por la acción de algunos desalmados extremistas.

Perfecta construcción de personajes, algunos de los cuales atraviesan su noche oscura del alma con sus debilidades e inquietudes, mientras otros hacen gala de un aplastante sentido común  o de unas convicciones firmes y sobrenaturales. Son hombres a los que Beauvois admira tanto como los vecinos que acuden a ellos a una consulta médica o sentimental –una mujer dice poéticamente que son las ramas en que pueden apoyarse, como hacen los pájaros–, pero también son dioses que miran a lo alto y rezan para tratar de entender las cosas que suceden en un mundo que se está volviendo loco. Emotiva y paradigmática es la escena en el refectorio, cuando brindan con vino mientras escuchan “El lago de los cisnes” de Tchaikovski: entonces, los placeres del gusto se confunden con las notas llenas de belleza y espiritualidad… y la cámara recoge primeros planos de cada fraile, con miradas de profundo gozo que no esconden un sabor a despedida… porque todos son conscientes de que pude ser la última ocasión de estar juntos. Son instantes muy intensos y conmovedores, en una verdadera explosión de emociones hasta entonces contenidas por el director.

Pero el mérito de Beauvois no reside únicamente en plasmar unos hechos históricos con honradez y veracidad, sino en un equilibrado guión que no tiene prisa y se entretiene en recoger los cantos litúrgicos de los monjes, y pequeños detalles como esa receta médica escrita para un analfabeto o esa secuencia en que el prior va a la habitación del enfermo dormido para apagar la luz y quitarle delicadamente las gafas… porque todo eso permite entender lo que sucede en el interior de unos hombres que viven de su fe, pero que ven cómo las armas entran en el monasterio y les amenazan. Son los claroscuros del alma humana, magníficamente recogidos por la fotografía de Caroline Champetier, que cierra la cinta con un elocuente y magistral plano de niebla cerrada entre la que se pierden las figuras de los monjes.

Si extraordinario es el guión, no menos lo son las interpretaciones de unos actores que asumen con profundidad y convicción esos comportamientos… como si fueran auténticos monjes. Todos merecen nuestro reconocimiento, aunque el trabajo de Michael Lonsdale como médico es excepcional, lo mismo que el deLambert Wilson en su papel de prior o el de Jacques Herlin como el anciano y entrañable Amédée. No se trata de una película de suspense ni de acción violenta o de sentimientos adolescentes que vaya a arrasar en la cartelera, pero sí de un magistral trabajo intimista y de aire documental, con unos “hombres libres” que tuvieron que pasar la última prueba y perder el miedo a la muerte, que fueron víctimas de la violencia y fanatismo de algunos, y que generaron un clima de paz que antes habían alimentado en su alma.

Calificación: 10/10

En las imágenes: Fotogramas de “De dioses y hombres” – Copyright © 2010 Why Not Productions, Armada Films y France 3 Cinéma. Distribuida en España por Golem. Todos los derechos reservados.

Tomado de: http://miradadeulises.com/2011/01/“de-dioses-y-hombres”-la-fe-como-arma-para-la-paz/

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