Peligros para la sociedad. Sin humanidades, menos pensamientos crítico: La deseducación si es posible
Para ninguno de mis compañeros y colegas en instituciones educativas es nuevo lo mucho que he opuesto a métodos constructivistas americanos con nombres rimbombantes. Todo esto debido a que considero que lo pragmático, ciertamente arrincona y muchas veces invalida lo altos ideales ya que muchas veces los métodos que pasan por la técnica como un fin y no como un medio son ciertamente anti educación. Estos métodos constructivistas, me parece, han confundido la educación y la pedagogía como una estrategia y una técnica (que muchas veces ayuda pero lo importante al final es el ser humano) y han dejado lo más importante subordinado al: "ahí agrégenlo como puedan en el curriculum, para que podamos tener justificación y aparentar que nos interesan los valores". De vuelta a los responsables en la educación pública y privada que irresponsabilidad creer que la educación no es un arte, que no requiere vocación, y que con la técnica cualquiera puede enseñar. ERROR. Y los padres de familia como primeros responsables de la educación ¿donde están? En México hay tantas Universidad de inspiración empresarial, y escuelas o colegios que dicen que son de manzana y dan caña que da pena la falta de educadores comprometidos y directivos congruentes que dan pie a que sus instituciones cada día sean menos honestas. Arrinconar por inútiles las Humanidades –literatura, filosofía, arte, historia, teología…– entraña un peligro para la sociedad, según opiniones de distintos expertos recogidas por María Paz López en La Vanguardia (Barcelona, 20-04-2011). Jordi Llovet, crítico de literatura y filósofo, advierte en su reciente libro Adéu a la universitat. L'eclipsi de les humanitats (ed. Galaxia Gutenberg), que este menosprecio no solo rebaja la cultura general que suele ir asociada a las humanidades. También es un obstáculo para la democracia: Las humanidades proporcionan los instrumentos para adquirir un conocimiento general, no sólo un conocimiento humanístico, y para saber discernir, algo fundamental para el comportamiento democrático de los ciudadanos”. En Estados Unidos dio la alerta el año pasado la filósofa y jurista Martha Nussbaum con el libroSin fines de lucro. Por qué la democracia necesita de las humanidades (editado en España por Katz). “La salud de la democracia requiere pensamiento crítico, comprensión de la historia del mundo y cultivo de nuestra capacidad imaginativa, y eso lo dan las humanidades”, recalca Nussbaum. Rafael Argullol, catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Universitat Pompeu Fabra, hace notar que lo que ocurre con las humanidades se repite también en el desinterés por las ciencias: “El superconsumo actual de tecnología no despierta en la mayoría de la gente pasión por la ciencia, por la aventura del conocimiento, por el riesgo o la exploración…” Las humanidades se arrinconan hoy por motivos pragmáticos. Lo paradójico es que pueden ser un poderoso instrumento para buscar salidas a problemas. “Si se enseñan bien, son una importantísima disciplina intelectual; entrenan la cabeza y le dan instrumentos de análisis que pueden activarse en un abanico de trabajos muy amplio –recuerda Mercedes García-Arenal, investigadora del departamento de Estudios Árabes del CSIC–. Pero los especialistas del ramo no hemos sabido explicar a la sociedad la importantísima aplicabilidad de las humanidades”.
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