El que a fin de realizar lo decidido haya que romper determinadas estructuras (sociales, familiares, emocionales, personales, etc), no significa que deba comenzarse por la ruptura. Cuando el hombre piensa, como sistema, en la liberación antes que en el proyecto (único proyecto donde puede decidir, o sea el personal, proyecto de vida), hay que dudar de la bondad de su actitud, de la claridad de su cabeza o de su capacidad creativa. Las ratas son las primeras en abandonar el barco, por que pueden ni construir uno nuevo ni tapar los agujeros. El deseo de liberación, en su sentido negativo ya expresado, no tiene sólo manifestaciones sociológicas, las tiene también dentro de la vida psíquica personal. La tendencia terapéutica de liberar al hombre de sus complejos y tensiones, de las huellas recónditas depositadas en el subconsciente, hace pensar que el mal -las deficiencias de comportamiento- tiene su sola raíz en ataduras impuestas, en sucesos independientes de la voluntad humana; es, de nuevo, la primacía de la liberación sobre el proyecto. El adecuado equilibrio del hombre no se logra -como ingenuamente creen los superficiales de la psiquiatría o psicología- descubriendo una causa subconsciente que condiciona la libertad del supuesto enfermo; hay algo mucho más importante, que es el desarrollo de la capacidad de autorreforma, de renunciamiento, de seguir con esfuerzo un proyecto trazado. El desconcierto humano no tiene su origen sólo en trastornos psicológicos: hay personas psíquicamente normales que están desconcertadas por que no saben lo que quieren, o lo que quieren es insuficiente para saciarlas, o huyen de la renuncia que implica conseguirlo. Estas personas necesitan de un fuerte impulso hacia un proyecto vital y no de un blando tratamiento en el cómodo sofá del psiquiatra. Hay un mayor número de personas que están más necesitadas de ideales válidos que de terapias mentales; y una cosa no está generalmente relacionada con la otra, ni la psiquiatría puede sustituir a la ética normativa de los deberes humanos. Hay un mayor número de personas, en resumen, que requieren de un proyecto, más que de una liberación, que están exigiendo sin saberlo que se les ponga en tensión hacia un objetivo, antes de que se les libere de otras tensiones. Liberarse y proyectar; de Carlos Llano Cifuentes, Las formas actuales de la libertad, Trillas, México, 2002, pp.41-46
Autor: Ramiro Pellitero Fuente original: Almudi Con estas tres palabras: ‘vocación’, ‘comunión’ y ‘misión’, el Papa ha dejado a los esposos y padres un encargo: sembrar amor entre ellos mismos y con sus hijos Desde hace algunos años, la diócesis de Roma viene centrando su asamblea anual sobre la educación en la fe, comenzando desde la familia. Esta vez Francisco se ha referido en su discurso a las “colonizaciones ideológicas” que hoy sufren las familias, y que hacen más necesaria la educación de los niños en las familias precisamente sobre el sentido cristiano de la familia ( Discurso en el Convenio eclesial de la diócesis de Roma , 14-VI-2015). En esta ocasión, el Papa se ha situado en el núcleo de la temática que habrá de tratar el próximo Sínodo sobre la Familia (“La vocación y la misión de la familia en la Iglesia y en el mundo contemporáneo”). Y lo ha hecho por medio de tres palabras: vocación , comunión y misión , para exp...
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