Posted: 13 mayo, 2011 by Joan Figuerola in Ética y Moral Desde el discurso más sansirolé hasta el más académico se exhorta a educar en valores. Sin embargo, es una obviedad aplastante la indeterminación y la ambigüedad de dicha expresión, más cuando teorías diametralmente opuestas concuerdan en tal necesidad. Así, cuando se habla de educar en valores, cuyo contenido es absolutamente inespecífico, lo que se pretende es obviar la necesidad de formar personas virtuosas; es decir, conducirlas en el sentido de la justicia, la fortaleza, la templanza y la prudencia que son muletillas indispensables para formar un carácter cuyo sentido existencial sólo busca desarrollarse enla Verdad. Hablar de educar en valores puede resultar un discurso muy atractivo pero es completamente vacuo. Formar a una persona es ayudarle para que sea capaz de responder del mejor modo posible a las cuestiones fundamentales del ser humano: quién soy y qué he de hacer para que mi vida goce de sentido; porque como bien dice el Aquinate sólo desde la certeza vital que se adquiere cuando uno se conoce a sí mismo y la realidad que le alberga puede descubrir las certezas morales que le encauzan hacia ese fin que es su vida dotada de sentido. El ser humano no es un cerdo en una charca porque no se contenta con existir, sino que explota las intrínsecas potencialidades de su naturaleza ontológica, su inquietud intelectual para indagar sobre los misterios de la vida. El valor de la tolerancia, de la solidaridad o de la justicia social tan presentes en el discurso contemporáneo no significan nada si no es a la luz dela Verdad.Todoslos hombres – creyentes, cristianos, agnósticos, ateos – o nos acercamos a Cristo y hablamos de Cristo viviendo como Cristo o ya podemos volvernos a casa y conformarnos con nuestras contingentes mediocridades. Somos tan zarracatines que incluso dándonos cuenta de aquella realidad que muestra nuestra verdadera dimensión y colma las ansias y los anhelos de nuestro ser nos apartamos de ella sumergiéndonos en otras menos trascendentes pero que paradójicamente nos hacen sentirnos igual que dioses aunque lo que hacen, realmente, es empequeñecernos. A ello nada contribuyen aquellos que venden un nefasto escepticismo que coarta y atenta contra la más alta aspiración del hombre, que no es otra que alcanzar la plenitud viviendo según la dignidad de la propia naturaleza humana. El interés por construir un mundo sin Dios merece la respuesta de una vida orientada hacia grandes ideales, a no resignarse ni a institucionalizarse en la inanidad. El hombre puede aspirar a todo porque está llamado a alcanzar lo más alto, su perfección, que es mucho mayor y más valioso, en cuanto que es el bien mayor, que una vida plagada de dinero, éxito y otras contingencias. Las personas necesitan que se les ayude a descubrir su verdadero fin: el auténtico sentido de la vida, que pasa por seguir a Cristo.
Autor: Ramiro Pellitero Fuente original: Almudi Con estas tres palabras: ‘vocación’, ‘comunión’ y ‘misión’, el Papa ha dejado a los esposos y padres un encargo: sembrar amor entre ellos mismos y con sus hijos Desde hace algunos años, la diócesis de Roma viene centrando su asamblea anual sobre la educación en la fe, comenzando desde la familia. Esta vez Francisco se ha referido en su discurso a las “colonizaciones ideológicas” que hoy sufren las familias, y que hacen más necesaria la educación de los niños en las familias precisamente sobre el sentido cristiano de la familia ( Discurso en el Convenio eclesial de la diócesis de Roma , 14-VI-2015). En esta ocasión, el Papa se ha situado en el núcleo de la temática que habrá de tratar el próximo Sínodo sobre la Familia (“La vocación y la misión de la familia en la Iglesia y en el mundo contemporáneo”). Y lo ha hecho por medio de tres palabras: vocación , comunión y misión , para exp...
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