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Decir la verdad, rectitud de intensión, es algo que cada vez existe menos.

Y por supuesto que en México esto cada día es más difícil, no iré muy lejos, aunque rara vez me acerco a los populismos, por puro gusto, sí quiero utilizar una referencia inmediata surgida de lo trivial para ejemplificar lo que quiero decir. Hace unos días se llevaron a cabo las semifinales del futbol mexicano (que desde hace mucho tiempo perdió la esencia del deporte como medio educativo para transformarse en negocio, y no solo el de México, claro está), y aunque no soy muy asiduo a ver los partidos, por que por una maña temperamental me quedo dormido, precisamente alcancé a poner el canal cuando iba sucediendo una riña. A los pocos días me comenta un colaborador del trabajo, todo lo que había sucedido, pero que lo mas feo del asunto fue que no hubo mayores represalias "reales", yo al considerarme neofito en el tema del futbol, le pregunté a mi compañero a que se refería, a lo que me contestó: Le quitaron un 10% de salario a alguién que pertenece al 5% de la población mexicana, o sea a alguien que se hace rico a costa de los mexicanos que prefieren pagar $200 pesos por un espectáculo tercemundista que no cultiva ni la esfera intelectual y mucho menos trascendental, posiblemente en la vegetativo o en la animal, pero como están las cosas, gastar alrededor de $600 pesos entre transporte, espectaculos y "chelas" es un verdadero desperdicio. Básicamente el futbolista mexicano esta muy bien pagado, quitando recursos a otras personas (teoría básica de la administración) y no es castigado ni "educado" cuando comete actos inmorales, como lo son el pelearse en la cancha o lastimar a otra persona.  Como justificas estos espectáculos "deportivos" cuando hay gente que muere de hambre o vive en la miseria.

Y los directivos, bueno, ellos ganando dinero y comentando que no por uno van a pagar todos, y que así no se puede ver el futbol...Triste es ver la poca educación de estas personas, es todo lo contrario, por uno deben de pagar todos, sobre todo los que actúan inmoralmente, pero estas personas no les interesa ni la humanidad, ni los niños que ven los partidos, ni la educación, ni nada que pase a su alrededor, ya que ellos siguen ganando y perdiendo algo más. Como dice el dicho, de que sirve ganar el mundo si pierdes el cielo. 

Después de haber tomado una actividad humana como pretexto para escribir algo más que de futbol, ahora hablemos de otras actividades pero desde otras latitudes, dejo el artículo de J.J. Noblejas sobre decir la verdad.

 

Jonathan Lear sobre la parresia o el decir la verdad al ciudadano, aunque sea políticamente costoso

Leyendo el otro día la columna de José Antonio Zarzalejos (Mentiras bellacas (EA4)), acerca de los modos mentirosos de hablar del presidente Zapatero acerca de la economía española en los últimos años, me vino a la memoria lo que acababa de publicar el filósofo estadounidenseJonathan Lear (Truth to Tell. What would the Greek philosophers make of P.J. Crowley?).

Say
Un alegato en pro de la parresia o el decir la verdad al ciudadano, aunque hacerlo resulte políticamente costoso.

Algo que sucedió al portavoz del Departamento de Estado, PJ Crowley, al hablar con franqueza en una charla en el MIT, acerca del tratamiento que estaba recibiendo Bradley Manning, el presunto filtrador de documentos a WikiLeaks. Tres días más tarde, Crowley se quedó sin trabajo.

A continuación transcribo el primer párrafo del artículo de Jonathan Lear, y luego sigue una síntesis del resto de su razonamiento:

El 10 de marzo, el portavoz del Departamento de Estado, PJ Crowley, cometió el pecado de hablar con franqueza. Durante una charla en el MIT, un investigador le pidió que explicar el tratamiento que estaba recibiendo Bradley Manning. A pesar de que no creía que el tratamiento de Manning llegara a la tortura, ya que la pregunta lo había planteado.

Y aunque él pensaba que el comandante de Quantico estaba actuando dentro de sus atribuciones legales, Crowley sin embargo dijo que las condiciones de detención de Manning eran "ridículas, contraproducentes y estúpidas." Tres días más tarde, Crowley se quedó sin trabajo.

Esto es lo que cuenta el filósofo Jonathan Lear en el primer párrafo del mencionado artículo, de gran interés para políticos, periodistas y comunicadores en general.

Sintetizando aquí el artículo, sucede que Lear quedó fascinado con PJ Crowley, en su modo de actuar como portavoz del Departamento de Estado, porque su actitud le trajo a la memoria lo que los antiguos griegos llamaban parresía: la capacidad de decir lo que se piensa, incluso cuando ello implica riesgos personales y sociales.

Y como Jonathan Lear dice que la parresia es raramente practicada en la política estadounidense, cuenta que quiso saber más acerca de Crowley y su manera de actuar, y quedaron en almorzar un día en Washington.

Allí quedó claro que la acción de Crowley no fue algo impulsivo, sino consciente. Crowley piensa que la herencia de Vietnam y de Watergate consiste en una pérdida de credibilidad y de nobleza, respectivamente.

Los medios de comunicación no hicieron que perdiéramos en Vietnam. Fue la falta de credibilidad, la distancia entre lo que estábamos haciendo y lo que se decía que estábamos haciendo. Una distancia de la que la gente se dio cuenta… Después de entrar a trabajar en asuntos de gobierno, al final de la guerra de Vietnam, me dije  -continúa Crowley- que cuando me encontrara en situación de hablar sobre lo que se hace, intentaría que la distancia entre lo que se hace y lo que yo dijera sobre eso, fuera la mínima posible”.

Y comenta que si la pregunta en el MIT sobre Bradley Manning hubiera sido anodina, algo así como “¿Qué pasa con Bradley Manning?”, quizá hubiera dado una respuesta diferente. "Pero -dice-la pregunta formulada por un ciudadano estadounidense era: "¿Por qué estamos torturando a Bradley Manning?" Es una pregunta que, a mi juicio, tenía que responder.” De haberla esquivado –dice- hubiera dejado a los presentes desilusionados, y pensó que la relación entre el pueblo estadounidense y su gobierno merecía una respuesta sincera.

Comenta Jonathan Lear que este modo de proceder por parte de Crowley no es sólo asunto personal de “hablar con franqueza”, sino que se trata de parresia, de franqueza en el discurso político. Un planteamiento distinto de la “protesta”, del “decir la verdad” al gobierno que mantiene una postura monolítica, como en tiempos de Vietnam. Distinto, porque supone “decir la verdad” desde el gobierno, como modo de ser persuasivo. Sobre todo, además, cuando es cuestión de decir lo que todos ya saben…

Estamos entrando en tiempos que el discurso político debería entrar por caminos de franqueza. No sólo por la presencia de blogs, Facebook o Twitter, y noticias en sesión continua, que –siendo como son fuente de rumores, desinformación y prejuicios- pueden distraer de la verdad de las cosas, pero que al fin y al cabo (transmitiendo luz, por ejemplo, sobre las discrepancias entre lo que dicen los diplomáticos y lo que hace el gobierno) pueden dejar claro qué sucede.

La parresia va a ser un requisito en este nuevo siglo. Lo que Crowley hizo al hablar y –sobre todo- al ser escuchado con franqueza, fue abrir un espacio de confianza.

Es la parresia lo que abre esos espacios. Algo que Obama no termina de entender. Preguntado por el tratamiento de Manning dijo que había “preguntado al Pentágono si se seguían los procedimientos adecuados de confinamiento, y que ellos le aseguraron que así era, y que no podía entrar en detalles, porque eso tenía también que ver con la seguridad privada de Manning”.

Obama no habla de las acusaciones sobre Manning, sino de las garantías que el Pentágono le ofrece. Y esto –dice Jonathan Lear- no es el comentario de alguien que está pensando en el valor fundamental de la presunción de inocencia…

Concluye Jonathan Lear que hubiera sido magnífico que Obama hubiera pedido a Crowley que siguiera en su puesto de trabajo, y que –preguntado por qué no se le había despedido- hubiera dicho algo así: “en nuestro gobierno hay espacio para expresar abiertamente diferencias. El Sr. Crowley puede haber hablado un poco más abiertamente de lo que yo lo hubiera hecho, pero es cierto que la presunción de inocencia es algo exigible en la prisión preventiva…”

De haber actuado así, Obama hubiera invocado nuestros ideales más elevados al tiempo que hubiera reconocido que la parresia es algo tolerado o fomentado por el gobierno de Estados Unidos.

"Ese podía haber sido un momento en que hubiéramos sido la envidia de todo el mundo", termina diciendo Jonathan Lear.

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PS-- recibo twitter de Sergio Soto (@ssotor) diciendo: "muy interesante tu artículo, pero no me cuadra la definición de parresia que tiene RAE con la connotación que tiene en el artículo". No le digo que ya había visto la discrepancia, y no le he incluído en el texto, para no distraer.  Le contesto sin embargo, diciendo: "cierto: en este caso el Drae se pasa del sentido directo virtuoso al subjetivismo". A lo que responde: " ok. gracias".

Ya se ve que -como era de prever- tanto Twitter como Facebook se convierten cada vez más en los lugares para dialogar sobre las cosas escritas en los blogs.

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