...su conciencia afecta a sus instintos y viceversa. Su razón siempre se ve teñida de emotividad. Sus negocios no pueden apartarse de la luz del deber. En su arte, expresa lo que piensa y lo que siente, plasmando sus instintos, su sangre, su espíritu, su amor y cosmovisión.
Para tener una personalidad bien integrada, una cultura auténtica y una educación de altura, es necesario considerar todas las esferas, sin despreciar ninguna.
Por ejemplo, si nos encontramos con un hombre que se encierra en sus torre de marfil de devorar libros -suponiendo que asimile lo que lee- pero a la vez se niega a asistir a toda reunión, por que los demás le molestan, y se niega a aceptar alguna invitación a una exposición artística porque a él sólo le interesa la ciencia, podríamos admirarlo por todo lo que sabe; pero de ahí a pensar que es un hombre que sabe vivir, que le ha sacado provecho a todas las potencialidades de su personalidad...falta mucho.
Lo mismo podría decirse de un artista que vendiera sus cuadros en miles de pesos, pero que fuera un drogadicto, que despilfarrara su salud y su dinero sin interesarle nada absolutamente, más que su arte: ese hombre no es culto, en todo el sentido de la palabra.
Seamos ambiciosos y no nos polaricemos hacia una sola esfera. Si lo hiciéramos, como en los casos anteriores, correríamos el riesgo de que esa esfera de valores creciera tanto como un tumor canceroso que acabaría consumiendo nuestra personalidad.
Valores y autoeducación, María Pliego Ballesteros, Pg. 35-36, Edit. Minos, México, 2004.
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