En el sillon se atienden a padres de familia, adolescentes con miedo y niños con problemas de personalidad y muchas cosas mas, una que otra ves algún dueño de escuela de aquellos que tienen mucho dinero y de educación no saben nada llegan a meterse en lo que no le importa.
En ese sillón negro, suave y cómodo, la gente que se sienta generalmente pasa corajes, alegrías, desesperación, verguenza ajena y algunas emociones más, todo esto pasa cuando se es un educador. Con los años de experiencia, observación y un poco de empatía se reconoce el amor, el potencial, la tristesa y el miedo.
Ese sillón negro se encuentra en el cubículo de cualquier profesor de vocación comprometido, una vocación especial, a la cual no cualquiera puede acceder, simplemente es natural, no como aquellas "vocaciones" que los nuevos "directores" quieren implantar en la naturaleza de ciertos profesionistas, esfuerzo que no llegará a buen puerto.
En ese sillón negro han pasado miles de historias, donde la mayoría de los educadores saben como acabarán:
"En el hombre esencialmente frívolo no hay debate ideológico ni inquietudes culturales. ¿Cuáles son sus principales motivaciones? Todas aquéllas correspondientes al hedonismo materialista permisivo, característico de lo que Gilles Lipovetsky denomina en su libro El imperio de lo efímero "El siglo de la seducción y de lo efimero". Una sociedad dominada por la frivolidad, centrada en el consumo, aturdida por la publicidad, infantilizada e influenciada por los "personajillos" que están en candelero no es capaz de estableces sistemas, teorías o esquemas posibles para la vida pública".*
En aquel sillón negro, donde tantos profesores han pasado, y hoy deja mi buen profesor, se nota que vivimos en el imperio de la seducción, que algo no esta bien, pero le pregunto a mi buen profesor si se dio por vencido, o simplemente quiere darle el paso a alguien mas fuerte para seguir batallando con la condición humana por algo mejor.
No me contesta y me invita a sentarme en aquel sillón...
*El hombre light, Enrique Rojas.
Comentarios
Publicar un comentario