La creatividad Americana en el cine por lo general es pobre, hay muy poco que ofrecer de fondo, al parecer se ha enfocado la cultura cinéfila en el entrenamiento como fin y no como medio, el compromiso cada vez es menor. Definitivamente Hollywood se presenta como un desierto en lo educativo y fomativo, nos ofrecen películas absurdas, llenas de efectos especiales, muchas ideologías, mucha trivialidad, cosificación de las personas dejando la humanidad de lado o en el mejor de los casos manipulando por medio del sentimentalismo o el romanticismo.
Los directores poco tienen que ofrecer ya que han dejado de prepararse para ofrecer algo más que lo evidente al espectador, han substituido los valores por lo mercantil y lo material.
Me ha tocado dar el sentido obscuro del escenario actual del cine, aunque este año existieron grandes sorpresas (que callan bocas y dan esperanza), y otra de estas es "El Arbol de la Vida" del multi premiado director-productor-escritor Terrence Malick. Dejo el criterio de JR Ayllón que me parece muy sano, limpio y honesto sobre esta película, con un buen nivel de análisis. (Fuente)
Los directores poco tienen que ofrecer ya que han dejado de prepararse para ofrecer algo más que lo evidente al espectador, han substituido los valores por lo mercantil y lo material.
Me ha tocado dar el sentido obscuro del escenario actual del cine, aunque este año existieron grandes sorpresas (que callan bocas y dan esperanza), y otra de estas es "El Arbol de la Vida" del multi premiado director-productor-escritor Terrence Malick. Dejo el criterio de JR Ayllón que me parece muy sano, limpio y honesto sobre esta película, con un buen nivel de análisis. (Fuente)
El árbol de la vida es, de entrada, una extraordinaria reflexión sobre el sufrimiento humano, sobre la tragedia insoportable que te obliga a preguntar “por qué” durante el resto de tus días.
Pero es -también y sobre todo- la delicadísima oración de una madre con el corazón en carne viva. Aunque solo la he visto una vez, juraría que su asombroso guión está inspirado en Platón, San Agustín, Pascal… El Platón que reduce todo el quehacer filosófico a una meditación sobre la muerte. El Agustín del fecisti nos ad Te, Domine… El Pascal abrumado por la inmensidad del Universo, agazapado en un rincón del Cosmos, que solo reconoce dos tipos de personas razonables: las que aman a Dios de todo corazón porque le conocen, y las que le buscan de todo corazón porque no le conocen.
Lejos de Stephen Hawking y a años luz del radical Richard Dawkins, Terrence Malick no presenta a los seres humanos como primates que han evolucionado al azar, en un mundo donde solo les espera la muerte. Ha logrado, por el contrario, una película de factura perfecta y belleza apabullante, imposible de apreciar en pantalla pequeña. Una sinfonía de imágenes armada sobre el guión de un doctor en Filosofía por Harvard, capaz de enfrentar con solvencia las inmensas y eternas preguntas de todo ser humano.
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