El hombre es siempre igual; los sistemas que crea son siempre imperfectos, y tanto más imperfectos cuanto más seguro está de si mismo. ¿Y esto de donde proviene? esto viene del corazón del hombre, nuestro corazón está inquieto; Cristo mismo conoce mejor que nadie su angustia, porque "El sabe lo que hay dentro de cada hombre (cfr Juan. 2, 25)".
Tomado de: "Cruzando el umbral de la esperanza", Juan Pablo II, Editado por Vittorio Messori, Edit. P&J, España, 1994. Pg. 29.
Precisamente lo que requiere el hombre, viene de Dios: Fe y esperanza, pero hay que pedirla y aprender de ella para que no se deshaga en estrecheces humana, lo que a veces llamamos sentido común. Cristo los repite una y otra vez: No tengas miedo.
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