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CIMAD/María del Carmen Bernal González | ¿Por qué soy una unhappy winner?

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Es un hecho que estas fechas son hermosas, los colaboradores y amigos están mas relajados, la familia se reencuentra, los investigadores y educadores cultivan dimensiones que en el año escolar se dificultan.

En mi caso, las juntas de evaluación me han dejado cansado, pero no por eso sin ánimo. En las últimas semanas he posteado artículos de otras personas, valiosas e interesantes, como es común en el presente blog, y he dejado de escribir, sin embargo espero ponerme al corriente con mi colaboración en las siguientes semanas.

Mientras tanto coloco un artículo desde el Centro de Investigación de la Mujer en la Alta Dirección (CIMAD) del IPADE, que tiene como autora a María del Carmen Bernal, toda una personalidad y autoridad de la Institución mencionada.

Fuente original.

Autora: María del Carmen Bernal González. 

¿Por qué soy una unhappy winner?

Por: María del Carmen Bernal González

En muchos ambientes, y en especial en el mundo de los negocios, la aspiración de algunas personas para tener éxito, brillar y ser reconocidas se ha convertido en un motor para sus vidas. Ser exitoso responde a una necesidad latente en el ser humano: el anhelo de ser feliz y realizarse plenamente. Sin embargo, llama la atención que muchas personas con éxito no son felices o, por lo menos, eso demuestran, quizá porque han centrado todas sus fuerzas en el único ámbito que consideran necesario para ser exitosos: el trabajo.

Reducir el éxito  al mundo laboral ha hecho que el trabajo se convierta en un fin y el triunfo profesional sea resultado de la buena suerte y del oportunismo. Ahora ya no basta con trabajar, tener talento y conseguir buenos resultados, también hay que exhibirse, hacerse apreciar mejor y hacer funcionar la propia red. Lo que cuenta es la apariencia y la visibilidad, mucho más que el rendimiento y el talento.[1]

 

El éxito se ha convertido en un tema complejo de definir porque conlleva elementos de índole personal, familiar, profesional, cultural y social. Tiene que ver con la propia historia de vida, la casualidad y hasta con cuestiones genéticas; por ejemplo, algunos estudios corroboran que muchas mujeres de éxito tuvieron padres que estimularon su talento y desde pequeñas las hicieron sentir queridas. Dichos padres apoyaron intensamente el desarrollo profesional de sus hijas, sobre todo después de la adolescencia.[2]

Cada persona, con base en sus propias experiencias vitales, conforma su paradigma mental y afectivo del éxito, por ello, su comprensión e integración se hace cada vez más confusa. Buscar el éxito no siempre responde a necesidades humanas trascedentes sino al cumplimiento de estándares y estereotipos impuestos por una sociedad competitiva y mercantilista que privilegia más el tener que el ser, convirtiéndose para algunos en una obsesión por alcanzar lo que sea a toda costa.

Cada vez son más frecuentes los profesionales exitosos que trabajan en exceso, logran estándares muy altos de calidad, reciben remuneraciones económicas muy altas, sus evaluaciones de desempeño suelen ser brillantes, sin embargo, se sienten insatisfechos. En el fondo estas personas, sin saberlo, se centran en un solo objetivo que, por más noble que sea, no logra satisfacer todas las necesidades y deseos de una persona.[3]

El tema se hace aun más complejo cuando quien busca y vive el éxito es una mujer, porque tiene que coordinar toda una serie de intereses y roles propios de su género. En México, por ejemplo, una mujer que logra ser exitosa, seguramente tuvo que sortear algunas barreras culturales y trabajar bastante su autoestima para vencer los prejuicios de quienes piensan que logró el éxito por algún tipo de artimaña femenina y no por su propio talento y experiencia.

Es común encontrar a mujeres exitosas que en algún momento de su carrera se toparon con un dilema: la elección entre seguir adelante con su trayectoria profesional y sacar adelante su vida personal y familiar, como es el caso de una Directora General de una empresa de tecnología que decía en una entrevista: “He logrado el éxito profesional… soy una mujer reconocida en el medio y me siento satisfecha en este punto… sin embargo, que hubiera hecho diferente?… salvar mi matrimonio, vivirlo de otra manera”.

¿Por qué muchas mujeres profesionistas se encuentran en esta misma disyuntiva? Quizá es que no saben dónde centrar sus objetivos y ponen toda su fuerza entre el logro y la felicidad. Algunas se sienten perdedoras, si supeditan su carrera profesional para dedicarse a la familia, y otras se sienten culpables si eligen dedicarse al mismo tiempo a su profesión y a la familia. Lo que en realidad necesitan es una mayor comprensión del verdadero significado del éxito y de la versatilidad necesaria para concretar sus ideales en el marco de balance e integración que exigen las distintas facetas de la vida humana.

Filosofía del éxito: depende de los recursos estratégicos, no del tiempo

Hasta ahora ninguna persona ha logrado el éxito total, ni siquiera los ganadores. Es curioso pero siempre experimentan una sensación de insatisfacción aun habiendo logrado lo que se habían propuesto. Y es que el éxito duradero comprende una serie de características que se deben tener en cuenta para lograr el balance de vida. Estas características son:

•          Logros significativos.

•          Objetivos múltiples.

•          Capacidad de experimentar placer.

•          Capacidad de generar vínculos positivos.

•          Valoración de los logros duraderos.

Todas ellas se dan a lo largo de la vida y abarcan: los intereses propios, la familia, el trabajo y la comunidad, en un marco de espacio y tiempo. Una de las estrategias recomendadas para lograr la integración de cada una de ellas y su consiguiente éxito duradero, es establecer prioridades.

Con el siguiente esquema se entenderá mejor esta integración y la dinámica del éxito duradero:

 

 

Cada una de las facetas de la vida satisfacen necesidades distintas y se nutren de impulsos y recompensas emocionales particulares. Lo importante es tener claro que para tener más victorias en los diversos aspectos que conforman una vida lograda, el éxito debe descansar en un modelo que privilegie el bien del conjunto a cualquiera de las actividades individuales. [4]

A continuación se mencionan algunos recursos estratégicos para lograr este modelo:

  • Hacer un plan en donde se establezcan metas a mediana escala y detectar aquellos agujeros que necesitan de mayor atención.
  • ¿Cómo saber cuándo ha llegado el momento de dejar una categoría y dirigir la atención hacia otra? Estableciendo la medida de lo suficiente, antídoto contra la adicción de la sociedad al afán ilimitado por tener más. El ejercitarse frecuentemente en la pregunta: ¿qué necesito para ser feliz? hará que se desarrolle un estilo de vida acorde al propio proyecto vital y familiar.
  • Desarrollar el pensamiento crítico y la flexibilidad para compatibilizar con realismo las propias expectativas con la categoría adecuada. Esta mentalidad evitará los sentimientos de culpa que, como ya se dijo, acechan a muchas mujeres. Por ejemplo, dedicar tiempo a la esfera familiar es esencial para la plenitud humana y profesional porque se satisfacen necesidades afectivas y de

seguridad que difícilmente podrán ser satisfechas en el mundo laboral, exclusivamente.

  • No hay secretos para el éxito. Este se alcanza preparándose, trabajando arduamente y aprendiendo del fracaso.

 

 

Reflexiones finales

Hoy las empresas se han convertido en fuentes generadoras de éxito y deben ser las primeras interesadas en crear las condiciones para conformar modelos de éxito duradero. En la medida en que se promuevan las condiciones necesarias para que las personas estén contentas y satisfechas, las empresas retendrán el talento y mejorarán su productividad.

Por tanto, ¿cuál es el verdadero secreto del éxito? Ya lo decía Tolstoi: “El secreto de la felicidad consiste en trabajar para la dicha de los demás, no para la nuestra”. Esta es la medicina y el antídoto para todos aquellos que se sienten unhappy winners.

____________________

Cfr. Hirigoyen, M.F., Las nuevas soledades. El reto de las relaciones personales en el mundo de hoy, Editorial Paidos, Barcelona, 2008, p. 107-108.

Cfr. Kaufmann, A., Alt@ Direccion, Ed. LID, Barcelona, 2009, p. 139.

Cfr. Nash, L., y Stevenson, H., “Hacia el exito duradero”, en Harvard Business Review, America Latina, febrero, 2004, p. 4-5.

Cfr. Nash, L., y Stevenson, H., oc., p. 5-6.

María del Carmen Bernal González

Directora del Centro de Investigación de la Mujer en la Alta Dirección (CIMAD)

Revista de Contaduría Pública

FUENTE: CIMAD

 

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