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Sin reconciliación no hay futuro

Considero, que hay dimensiones que no son tomadas en cuenta, común en un tema tan complejo, sin embargo en su gran mayoría encuentro gran sentido común y valía. 
Fuente.
Autor: Leonel Narvaez Gomez, IMC

A los 22 años, Teresa sufrió el enorme dolor de perder su único hijo de 3 años. Una noche, en una oscura calle de su pueblo, un desconocido que la pretendía y que ella de tajo rechazaba, le propino dos tiros de pistola a su hijo y lo mató. Antonio, el asesino, fue  capturado y posteriormente, fue condenado a 18 años de cárcel.   Después de un año de llorar desconsoladamente, Teresa quiso ir de incógnito a la cárcel con algunas amigas a conocer a quien le había matado a su hijo. Le atormentaba el deseo de saber quien era esa bestia que le había causado tan profunda pena. Aquel mismo día, descubrió que Antonio había sido un niño violentado inicialmente por su  mismo padre, dejado luego por su madre con los abuelos ancianos y   finalmente abandonado a su suerte en las calles. La historia corta es que Teresa, conmovida por la historia trágica de Antonio, lo siguió visitando regularmente en la cárcel. Hoy en día, están casados y tienen tres hijos. 
El Perdón y la reconciliación son posibles. Los humanos tienen la capacidad heroica de perdonar lo imperdonable. Es la imagen del Dios de misericordia que se manifiesta en cada célula del ser humano. Sin perdón y sin reconciliación no hay futuro, decía con razón Mandela.

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 En esta reflexión busco inicialmente presentar los elementos básicos del Perdón y la reconciliación. Seguidamente,  presento la propuesta de una metodología  y finalmente comparto la experiencia de las Escuelas de Perdón y Reconciliación – ESPERE – que se lleva actualmente en Colombia y Brasil. El nombre “espere”  hace referencia a la necesidad  de mínimo de ejercicio de espera ante el asalto constante e inesperado de la rabia, propia del carácter ardiente de los latinos.
Este método tuvo origen en la Universidad de Harvard con un grupo de expertos de las ciencias sociales con los cuales por casi dos años se trabajó conjuntamente, definiendo la metodología y los contenidos  necesarios para popularizar  la cultura del Perdón y de la reconciliación.
Tuve la fortuna de vivir 10 años, en la tribus Oromo del norte del Kenya y Etiopia, en donde la palabra  paz  es una idea arquetipo de acepciones   profundas. Nagayat (paz) es la palabra que ha definido desde hace muchos siglos, todos los actos de su vida cotidiana. Paz es todo. Cada 7 años celebran el jubileo y cada 7 veces 7 (cada 50 años), celebran el Gran Jubileo. Una de las expresiones sobresalientes de esta fiesta, es la celebración del perdón y de la reconciliación. Ya en las culturas más antiguos, existía la cultura de la reconciliación.
En la Universidad de Harvard, tuve la oportunidad de recibir clases  de autores famosos en los temas de resolución de conflictos  como Roger Fisher, William Ury, Ronald Heifetz y algunos otros. Posteriormente, trabajé de cerca con los lideres de los grupos guerrilleros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) e incluso colaboré en las negociaciones de paz entre el Gobierno y la Guerrilla.
En todos estos ambientes, llegué a conclusiones  muy importantes: que las técnicas de resolución de conflictos, por buenas que sean, no bastan para resolver los conflictos, que las rabias, los odios y los deseos de venganza subyacen ocultos a los conflictos, que esas rabias no son solo individuales sino sobretodo colectivas, que sabemos muy poco sobre la teoría y menos sobre la práctica de los mismo y que sin resolver esas rabias y deseos de venganza, todo proceso de resolución de conflictos está avocado a fallar.
En Colombia, de donde provengo, tenemos una violencia arrastrada  por más de 40 años. Contemporáneamente, decenas de conflictos en muchas otras partes del mundo, siguen escalando violencia tras violencia. Será que los  humanos tenemos solamente genes para la guerra?  Será que una ceguera colectiva nos infectó a todos los humanos y nos ha forzado a entrenarnos constantemente para la guerra?
Las fotos trágicas de Irak,  España, Palestina, Colombia, son solo una expresión mínima de los que puede causar la rabias y la venganza de los seres humanos. Ya Hobbes lo decía, el hombre es un lobo para el hombre.
Para enaltecer la guerra, Virgilio en su Eneida, empezaba con aquel famoso verso “arma virumque cano” (le canto a las armas y a los varones…) pero para temperar la venganza, casi contemporáneamente, los dramaturgos griegos se preguntaban cómo hacer para castigar un crimen sin cometer otro crimen?
Hay un desafió crucial hoy en el mundo: cómo construir una cultura nueva que transforme la guerra y la violencia y propicie la sabiduría de la paz sobre la locura de la guerra? En la enorme placa de mármol a la entrada de las oficinas centrales de la UNESCO en Paris aparece una inscripción que dice:  es en el corazón de las personas en donde se origina la guerra y es por lo mismo en el corazón de las mismas personas en donde es necesario construir la paz.
Paradójicamente los que debiéramos ser expertos en Perdón y reconciliación como son los sacerdotes y religiosos, sabemos muy poco. En una reciente reseña bibliografiíta sobre el tema del Perdón desde la época de San Agustín (siglo V) hasta nuestros días, se descubrió que tristemente existían millones de títulos sobre el Perdón con Dios, pero menos de 170 títulos que hablaban del Perdón con el otro o la otra. De verdad, el tema del Perdón y la reconciliación es un tema todavía en su infancia en las ciencias sociales y en las ciencias espirituales. Posee, sin embargo, una genética interna muy poderosa.
Por siglos, el tema del Perdón y de la reconciliación ha sido monopolio de los clérigos católicos. De algún modo, y sin duda en forma inconsciente, tal monopolio se convirtió en una forma de poder erróneamente institucionalizada por la institución eclesiástica. Ello sin negar, claro está, el poder misterioso de transformación que tiene el sacramento de la confesión.
Este monopolio del perdón, fue reforzado con los temas del pecado y del  infierno. Así, por siglos, se ha reducido torpemente el tema de la justicia al mero castigo. La misericordia y la ternura de Dios pasó a un segundo lugar y se subrayó más bien, la autoridad y la ley.
La justicia punitiva se convirtió en una forma sutil de institucionalización de la venganza. En esta ceguera colectiva en la que hemos caído, aceptamos el castigo y la eliminación o limitación del otro como algo normal, tal y cual como cuando la humanidad entera cegadamente aceptaba la esclavitud como un hecho aceptable en la sociedad de entonces. Urge, entonces hacer el esfuerzo para sacar el Perdón y la reconciliacion de las sacristías y de los confesionarios para llevarla al estrado de la vida diaria de las personas y de los grupos humanos.
Un nudo gordiano
Hay un nudo gordiano que no acabamos de solucionar: la pobreza causa violencia, pero también la violencia causa pobreza.  Cuál de los dos tendremos que resolver primero?  La tentación ordinaria es tratar de resolver primero la pobreza y eso está bien, siempre y cuando no olvidemos que así solamente estamos resolviendo mitad del problema. Sin duda que en la discusión de la violencia toca tener en cuenta los factores individuales, los factores domésticos, los factores sociales y económicos, pero igualmente es necesario tener en cuenta que a la raíz de todos esos factores hay un factor subyacente: la rabia, el rencor, el deseo de venganza.  Las mismas técnicas para la solución de los conflictos – eficaces como lo son – caen  en tal  tentación de ignorar la solución de esos odios y deseos de venganza como condición previa para la paz sostenible.
En el caso de Colombia, ya hemos comprendido que no basta el acuerdo político entre las elites en conflicto para lograr la paz. La paz queda muy frágil y fugaz sino logra transformar los odios y rencores que subyacen en las bases sociales, y que son la fuente generadora de más y peores conflictos.
Es ya teoría aceptada que el capital social precede al capital económico. Parte fundamental del capital social es precisamente la cultura del Perdón y de la reconciliación.  Por eso que no es exagerado decir que  un pobre con rabia es doblemente pobre.
La violencia puede ser personal, interpersonal o colectiva y puede tener expresiones  a nivel físico, sexual, psicológico y  de carencia/ desatención.
Las cifras consolidadas de la violencia criminal en el año 2000, elaborados por la Organización Mundial de la Salud, trae cifras espantosas: de 1.659.000 muertes violentas, 520.000 son homicidios. Pero más trágico todavía, 810.000 son causadas por el suicidio. El conflicto bélico ha producido comparativamente mucho menos: solamente 310.000 muertos. Como fácilmente se puede aceptar, son los países con más bajos ingresos los que poseen los niveles más altos de violencia.  LA OMS concluye que el factor más paralizante del desarrollo y el desafío más grande de los sectores sociales  y psicología de la salud, es la violencia y entre ellas la violencia societaria.
Una forma más sencilla de clasificar la violencia es identificándola como violencia organizada  (guerrillas, narcotráfico) y violencia societaria, dentro de la cual aparece como una epidemia invisible la violencia intrafamiliar.
Para el caso de Colombia, y en general para Latino América, hay una tendencia errónea.
Mientras que la violencia organizada en Colombia solamente produce el 18 por ciento de la criminalidad y se le gastan 95% por ciento de los recursos, la violencia societaria produce más del 80 por ciento del a criminalidad. Entre los jóvenes de Colombia,  el 18% de ellos ha dado muerte a alguien, 60% de los jóvenes ha visto matar, el 68% ha visto cadáveres, 25% ha visto secuestrar, el 16% ha participado en secuestros y el  40% de los jóvenes de 15 a 18 años están en grupos subversivos. La franja etárea de los 15 a los 35 años, son las franjas de población más  victimizadas por la violencia.
Las fuentes de la violencia societaria tiene ya orígenes bastante definidos: primero la violencia intrafamiliar, segunda la venganza o ajuste de cuentas, tercero, las riñas y discusiones, y finalmente, la intolerancia social.
Con frecuencia se cree que la causa central de la violencia intrafamiliar sea la pobreza o el alcoholismo. Para el caso de Bogota, la causa principal es la falta de comunicación (67%). Dentro de la vida religiosa tales indicadores coincidencialmente parecen ser los mismos: los religiosos manejamos todavía serias dificultades en el manejo de la comunicación.
Dentro de las tendencias más perversas del mundo actual, sobresale la tendencia a responderle a la violencia con más violencia.  El caso del Presidente de USA es un ejemplo sobresaliente. De hecho, el costo total de la lucha contra la violencia gira entre el 5% y el 25% del PIB en algunos países.
Como expresión contrapuesta a  todo ello, aparece el terrorismo. El terrorismo ha desarrollado su habilidad para inspirar el odio y cultivarlo a través de lo que los expertos llaman el cognitive rehearsal (entrenamiento cognitivo o sea la capacidad de devolver el cassette continuamente, llenarse de rabia ante la ofensa recibida  e ingeniarse formas refinadas de venganza).
Se han logrado identificar tres de las causas más inmediatas  de la violencia. Primero: no sabemos controlar la rabia. La rabia es de hecho, una de las emociones más primitivas que tenemos los humanos. Una palabra, un gesto o una acción de rabia puede tener repercusiones serias en la relación de personas o grupos humanos. Segundo: no conocemos alternativas para resolver los conflictos más que la acción violenta. Hemos aprendido que para resolver los diferencias, el único camino es la violencia. Sacamos así lo peor de nosotros mismos. La cultura de la compasión, de la ternura, de la benevolencia es ciertamente escasa... incluso entre nosotros los religiosos. Tercero: en lugar de mediadores nosotros tenemos aguzadores, es decir gente que ha acostumbrado a echarle leña al fuego. La falta de  instancias de mediación en nuestras vidas y ambientes, son cada vez más sentidas también porque vivimos en medio  de una cultura donde nosotros estamos mediados por un ideal guerrero de triunfo (el deporte es un buen ejemplo de ello) que de algún modo nos incita interiormente a la violencia.
Los mismos descubrimientos neurológicos recientes confirman que el ser humano en este proceso de evolución  permanece todavía con buena parte de su cerebro primitivo que se expresa con frecuencia con conductas incontroladas.  El entramado psicológico o el cableado interior humano aun  propende a la violencia. Cómo lograr niveles más avanzados de crecimiento humano, es precisamente el esfuerzo que se hace a través del Perdón y la reconciliación.
Las estadísticas coinciden en afirmar que un alto porcentaje de los victimarios antes fueron victimas. Cuando fueron victimas, nadie les ayudo a elaborar sus rabias y sus odios.  Buena parta de los adultos violentadores, fueron niños violentados. Porqué las victimas se vuelven victimarios? Primero, porque las rabias  y los odios se acumulan en el tiempo, no se esfuman. Segundo, porque las rabias y los rencores son tanto individuales como colectivos. Es el caso de las negritudes y los indígenas, quienes viven apabullados por rabias acumuladas del pasado. Tercero, porque las rabias y rencores paralizan seriamente la dinámica interna de las personas y de los grupos humanos. 
Para entender mejor la profundidad de lo que hablamos, me permito referirlos a los conceptos profundos de Anna Harendt en su famoso texto sobre la Condición Humana. Ella insiste en que hay dos impostores en la sociedad: el pasado que nos pesa  (algo muy valido para el caso de las negritudes e indígenas) y el futuro que nos preocupa.   Por eso el pasado es necesario redimirlo con el perdón y el futuro lo tenemos que asegurar con los pactos o sea a través de la reconciliación.
Las escuelas de Perdón y de reconciliación – ESPERE
Quiero dedicarle algún espacio a la presentación de la metodología de las Escuelas del Perdón  y de la reconciliación – ES.PE.RE – que desde hace 3 años venimos implementando exitosamente en Colombia.
Me parece esencial, antes que nada, que nosotros como religiosos  asumamos aquella bienaventuranza de Jesús que nos invita a ser misericordiosos como Dios es misericordioso. El Papa Juan Pablo II  decía recientemente que los religiosos y religiosas manifiestan con su carisma peculiar, el rostro misericordioso de Dios y el corazón materno de la iglesia. Cuando las personas nos ven a nosotros, nuestras actitudes les deben ayudar a ver al Dios del amor, de la bondad y de la ternura. Tal vez nada sea tan esencial al apostolado y a al misma evangelización como este concepto del amor infinito de Dios.
Hablar de Perdón y reconciliación exige un cambio de paradigmas: contra la irracionalidad de la violencia nosotros proponemos la irracionalidad del Perdón, contra la locura de la guerra, la sabiduría de la reconciliación. Más aún, no basta hablar del Perdón. El impacto y la transformación se logra solamente cuando las victimas actúan el ejercicio en sus propias vidas. El Perdón no es un ejercicio racional solamente. El Perdón es un ejercicio de alta dimensión emocional, comportamental y espiritual.
El laboratorio de Perdón de la Universidad de Wisconsin en Madison, ha demostrado que para lograr perdonar, la persona, victima de algo, necesita de 10 a 15 horas de trabajo muy específico sobre el tema. Esa persona debe nombrar su rabia y a su ofensor, debe re-estructurar la ofensa a través de la memoria, y debe volver a ganar poder sobre sus propias emociones. Es el ejercicio complejo y difícil de recuperar la armonía interior.   
Reconociendo la discusión teórica que existe acerca del tema, es necesario distinguir la diferencia entre Perdón y reconciliación.  El Perdón es un ejercicio que yo hago conmigo mismo. Es el ejercicio de sacarme el veneno de la rabia y del rencor que yo tiendo a reciclar por dentro y que tiene consecuencias negativas en todo mi ser.  La reconciliación en cambio, es el camino hacia mi ofensor. Mientras el Perdón es ejercicio terapéutico, la reconciliación es un ejercicio social. Puede haber Perdón sin reconciliación pero no puede haber reconciliación sin Perdón. En algunos casos, la reconciliación no es posible o no es aconsejable. Sin embargo, el ejercicio del Perdón es en si mismo, ya el 90% por ciento del camino hacia la reconciliación.
Las ESPERE son grupos de 10-15 personas, que se reúnen para transformar sus rabias, odios y deseos de venganza. Son grupos que se encuentran ordinariamente cada semana, en lugares informales, con unas reglas mínimas – sobretodo de completa confidencialidad – acordadas entre los participantes y firmadas por cada uno de ellos. Estos grupos son guiados por animadores o sea personas del mismo Barrio que se capacitan  para tal fin. Estos animadores pueden ser niños, jóvenes, hombres o mujeres. 
A estos grupos nunca se invita a los victimarios, pues nadie quiere sentirse señalado como victimario. Se invita siempre a las victimas. Es allí donde las personas descubren que ellos no solamente son victimas sino también victimarios. Guerrilleros, paramilitares, militares, delincuentes de todo tipo, encuentran con sorpresa que detrás de su rabia hay ofensas del pasado que se escalaron en odios. Esos odios, al igual que heridas sangrantes, es necesario tratar con urgencia para que no sigan afectando toda la vida de las personas.
Cuando persona que ha sido victima o victimario de alguna ofensa, grande o pequeña,  normalmente hiere los 3 pilares más importantes de la existencia humana: el significado de vida, la seguridad y la socialización.  La gran tarea del animador de las ESPERE, es colaborarle a las personas para recuperar la integridad de esos tres pilares.
Es necesario insistir que ello no se logra solamente con motivaciones de tipo cognitivo o racional. Es necesario intervenir en cuatro dimensiones: en el pensar (dimensión cognitiva), en el sentir (la dimensión emocional), en el actuar (la dimensión comportamental) y en el trascender ( la dimensión espiritual). Lograr una adecuada dosis de estas 4 dimensiones es el éxito de todo el proceso de Perdón y reconciliación.
La psicología de los traumas habla de tres herramientas básicas para ayudar en este proceso. Primero es necesario garantizar ambiente seguro. Es el holding environment del grupo o empatía, elemento fundamental que facilita que  las personas logren expresar su dolor. Se trata de un ambiente contenedor, que permite que el dolor no se desparrame y que ayuda a las personas a recomponer las partes divididas de su ser.
Segundo, es necesario ayudarle a las personas a contar la historia de lo que les sucedió. Contar y hacer memoria es un ejercicio de alto valor sanador.  No sin razón, los católicos cuando celebramos la Eucaristía, hacemos memoria todos los días de un crimen, pero mirándolo con ojos nuevos.  La cruz y la muerte de Cristo, no obstante toda su crueldad, se convierten en actos poderosos de salvación.
Tercero, a través de este proceso, las victimas gradualmente se resocializan  y recobran la capacidad de relacionarse adecuadamente con los demás, incluso a futuro con sus propios ofensores.
El esquema general de las 10 etapas básicas del Perdón y de la reconciliación siguen la dinámica de concientización, decisión, y compromisos (pactos). La experiencia ha enseñado que el proceso de concientización es fundamental en este ejercicio. De hecho, entre más se logre aclarar en las personas, las significaciones que tienen acerca del Perdón y de la reconciliación, mayor impacto logran en sus vidas.  Los  5 primeros módulos están dedicados al perdón y tienen los siguientes títulos:  de la oscuridad a la luz, decido perdonar, miro con otros ojos, comprendo a mi ofensor, establezco un puente. Los 5 módulos restantes se refieren a la reconciliación y toca los siguientes temas: construimos la verdad, promovemos la justicia, hacemos un pacto y celebramos la memoria y la reparación.
Al iniciar los 10 módulos o etapas, la persona participante escogen un sujeto de perdón y reconciliación que les servirá como entrenamiento concreto durante todo el curso. Los participantes entienden entonces que el Perdón y la reconciliación exige práctica y por lo mismo, esfuerzos muy concretos.
Durante todo el curso, de hecho, el Perdón es presentado como un acto heroico y como una de las expresiones más profundas de la santidad a la que estamos llamados todos los humanos. El módulo que une al Perdón con la reconciliación es el módulo llamado “establezco  un puente”. Siendo que la reconciliación normalmente empieza por el lado de las victimas, se invita entonces a la víctima a  comenzar a construir el puente desde su orilla.  La reconciliación, normalmente empieza por el lado de las victimas porque son ellas, y solamente ellas, quienes poseen el poder de desatar la ofensa. De un modo misterioso, el victimario queda dependiente de la victima y solo, gracias a un ejercicio liberador,  que se convierte en don de la victima, puede el victimario recobrar su libertad y su integridad. Per-donar es entonces hacer don para el otro. Es para dar no para recibir.
El primer módulo de la reconciliación es construimos verdad.  La verdad no es ni mi versión de los hechos ocurridos y tampoco la versión del otro. La verdad es la sumatoria de las dos versiones. Tener la capacidad para descubrir la verdad del otro es parte fundamental de la reconciliación. Por eso que en el ejercicio de la verdad, es necesario tener en cuenta 3 tipos de lógicas. Primero, la lógica de los acontecimientos (cómo ocurrieron las cosas?), segundo, la lógica de los significados (cuál mensaje quería enviar?) y finalmente la lógica de la necesidad(cómo salir de aquí?) Cuando las personas se quedan solamente en la lógica de los acontecimientos entonces se bloquea el proceso de la reconciliación.
Dentro del ejercicio de construir verdad, la memoria juega un rol de primera importancia. Se hace necesario hacer memoria, precisamente para evitar el efecto distorsionador que tiene el olvido. Los cristianos hacemos memoria de un crimen (la crucifixión de Jesús) para mantener viva y fresca la verdad de ese evento salvífico. Recordar es una forma noble de agradecer y por eso la eucaristía se convierte en acción de gracias que transforma y permite a las personas ir más allá de la simple lógica de los acontecimientos.
El segundo módulo de la reconciliación es  promovemos la justicia. Aquí se busca de romper el modelo de la justicia punitiva para instaurar el modelo de la justicia restaurativa. Hacer justicia entonces, no es castigar al ofensor sino y sobretodo, es recuperar al ofensor. Se busca de imitar la justicia de Dios que justifica y aplica siempre la misericordia y la compasión:  como dista el oriente del occidente así de grande es la misericordia de Dios... Su amor no tiene fin.
Mencionábamos al inicio que los grandes dramaturgos griegos se preguntaban cómo hacer para castigar un crimen sin cometer otro crimen. De hecho, la cárcel, la cadena perpetua y peor aún, la pena de muerte, se han convertido en formas oficializadas de venganza. Con frecuencia, en la vida religiosa, caemos en el paradigma del hijo mayor de la parábola del Hijo Pródigo. El Hijo mayor sabía cumplir con todos sus deberes pero no sabía amar. Los religiosos sabemos cumplir rigurosamente con todos los deberes religiosos (rezar el oficio fielmente, el santo rosario...) pero con frecuencia, no sabemos amar.
El tercer módulo es elaboramos un pacto. Uno de los elementos claves dentro de la espiritualidad testamentaria es la alianza, el pacto. Los pactos se convierten en la expresión más profunda de los nexos que  unen a los humanos entre si  y con Dios que se hace testigo de esos acuerdos.
Los pactos tienen básicamente tres grados. El pacto más bajo es el pacto de co-existencia. Es el perro y el gato que conviven en la misma casa y deciden de respetarse y no ofenderse. Aquí estamos a nivel de simple natura.
Un pacto de grado más alto es el pacto de convivencia. Las personas elaboran ya un proyecto mínimo de vida para llevarlo a cabo conjuntamente. Aquí estamos a nivel de cultura.
El grado más alto es el pacto de comunión o comunidad. Aquí estamos en el nivel más alto de espiritualidad. 
Con sobrada razón, se puede afirmar que ciertos estilos de vida religiosa en los conventos se queda a nivel de simple co-existencia  cuando no de la más fría indiferencia. Son realidades que reclaman a gritos, cambios radicales, en cuanto que se convierten en anti-testimonios del evangelio de Jesús.
El cuarto y el quinto módulo desarrollan los temas de la reparación y de la celebración de la memoria y vida nueva.
Es verdad que en muchos casos será imposible reparar suficientemente ciertas atrocidades. Ni en Sud Africa, ni en Alemania, ni en Rwanda, ni en ningún lugar. Es por eso, que es necesario trascender lo que es la reparación simplemente material para inventar formas de reparación simbólicas pero igualmente compensadoras.
Es igualmente importante comenzar a fortalecer la cultura de la reparación vicaria. Los participantes a las Escuelas de Perdón y reconciliación en algunos Barrios en Bogota han comenzado  a establecer la práctica de celebraciones de memoria y reparación por medio de reuniones de la comunidad en donde le permiten a las victimas de algún infortunio o violencia contar la historia, facilitar el reconocimiento de su dolor y recibir simbólicamente algún gesto de reparación por parte de una de la comunidad.
Cuáles son las características básicas de las Escuelas de Perdón y reconciliación? Primero, es importante subrayar que es básicamente un servicio para las víctimas. Nunca como ahora se hace necesario recuperar la ética de las victimas.
Segundo, el eje central de la propuesta es la capacitación de animadores que se convierten no solamente en multiplicadores de la cultura de Perdón y reconciliación sino y sobretodo que se hacen mediadores  de los conflictos y  violencias que se vive en las comunidades. En este sentido, se actúa una labor de prevención que tiene impactos intangibles pero importantes. Tercero, se trata de una terapia de grupo que  a través de juego de roles,  de aproximaciones sucesivas,  se facilita la aplicación de la sabiduría de la gente sencilla que tiene igual o mayor efecto que el tratamiento hecho por profesionales costosos, muchas veces inasequibles a las comunidades pobres.
Cuarto, se aplica una estrategia de multiplicación por células. Finalmente, es una propuesta no solamente de heroicidad sino también una propuesta de alta política y del mas refinado trabajo social.
Dentro de las ESPERE se le da mucha importancia al rito, al símbolo, a la ceremonia. Se busca de recuperar positivamente toda aquella cultura acumulada en las cortes de justicia en donde se usan símbolos y ritos (el martillo, la peluca del juez, la toga, el ambiente sagrado)  para darle solemnidad a este nuevo tipo de justicia restaurativa y a este poderoso paradigma de la compasión y de la ternura. Los gestos y ritos ayudan así a hacer visible, solemne y simbólica el acto heroico del Perdón y de la reconciliación pero sobretodo, ayudan a que las víctimas, con frecuencia agobiadas por el caos infligido por una violencia, recuperen el sentido de orden y armonía de las cosas. 
Las Escuelas de Perdón y Reconciliación – ESPERE – se convierten así en espacios sagrados donde las personas recuperan y fortalecen lo más valioso de su humanidad y de su espiritualidad: la ternura, la bondad, la compasión. Es lo que nos hace parecernos más a la Divinidad.
Las ESPERE, se llevan a cabo actualmente en ciudades de Colombia y de Brasil  con poblaciones de Barrio, con miembros de Congregaciones Religiosas, con estudiantes de Escuela, con grupos de desplazados, con grupos de subversivos reinsertados, con profesionales de las áreas sociales, con personal de las cárceles y últimamente con empresas.   
Se adelanta además investigación sobre el papel de la rabia en los conflictos, sobre el criterio moral punitivo y sobre la justicia consuetudinaria. Se lleva un riguroso inventario sobre el tipo de agresiones, los grupos de edad, los efectos en la salud. Finalmente, se va perfeccionando poco a poco, una escala de medición del perdón y de la reconciliación. 
- Cada módulo, normalmente necesita un día completo de trabajo. Se aconseja realizar primero los 5 módulos del Perdón y después de un período de latencia de máximo 3 meses, realizar los 5 módulos de la fase de la reconciliación.
Estos 10 módulos han sido diseñados con la intención precisa de popularizar el ejercicio y facilitar la replicabilidad de los mismos.
El tema fundamental que atraviesa toda esta metodología es el ejercicio de la compasión y de la ternura.  Al terminar el curso, las personas deberán parecerse cada vez más a ese Dios, Padre y Madre de todos, cuya misericordia y bondad no tienen fin.



 
* Conferencia dictada en  Roma en ocasión del SEDOS Seminar on  Strategies for Building Reconciliation in Environments of Violence, Abril, 2004. El autor, es Misionero de la Consolata, sociólogo de la Universidad de Cambridge y de la Universidad de Harvard.Para mayores informes, visitar: www.fundacionparalareconciliacion.org  o escribir a:leonel@fundacionparalareconciliacion.org 

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