Fuente original: Laquestione
Imaginemos un carpintero trabajando: Separa la madera, los clavos, el pegamento, la pintura, escoge las herramientas, revisa minuciosamente el diseño del mueble a fabricar… Marca, corta, pega, cepilla, lija, pinta… Y tenemos una mesa, por ejemplo. Podemos notar que ambas actividades son totalmente diferentes entre sí. Fijémonos en el resultado: Cuando el carpintero culmina su actividad tenemos con nosotros un objeto concreto, observable, medible, en fin, cuantificable; en cambio, cuando el alumno termina su clase de historia no tenemos nada tangible nuevo, solamente está el mismo alumno que entró a la clase… Claro es que hay resultados de su aprendizaje pero están “en” él, no fuera de él.Pensemos en un alumno aprendiendo historia: Saca de la mochila lápiz, cuaderno, libro… Se acomoda en su asiento, escucha, pregunta, escribe y… nada más.
En el primer caso, el carpintero está construyendo una mesa, en el segundo caso el alumno está conociendo algún momento de la historia. En ambos casos son seres humanos haciendo algo. Unas actividades son transitivas (culminan en algo externo al sujeto), y otras actividades son inmanentes (sus resultados permanecen en el sujeto).
Los efectos del aprendizaje son intrínsecos a la persona, están en ella y se quedan con ella: el acontecimiento del aprendizaje indica que nuestros alumnos son personas que tienen una “intimidad” o interioridad propia. Al educador le toca ayudar a que esa interioridad despliegue sus facultades propias y se vaya desarrollando un individuo maduro y bien preparado para afrontar los compromisos que vaya asumiendo en la sociedad.
Educar es, pues, una actividad inmanente porque su inicio, fin y término comienzan y concluyen en la persona. Por ello, tradicionalmente se ha explicado que ella se ocupa de “sacar afuera” (ex- ducere) y perfeccionar las facultades de los educandos.
Aquí se encuentran la libertad del educador con la libertad de cada educando ya que libremente puede emprender el desarrollo de sus facultades o no. Tal vez aquí se note el carácter personal de la educación: es tarea de cada uno, aunque nos afecta a los demás, la responsabilidad recae de manera creciente en el alumno.
Ya podremos ensayar las mejores estrategias y técnicas para el aprendizaje; ya podemos contar con los mejores recursos pedagógicos… Si el alumno no quiere…
¿Acaso el discurso dominante pierde de vista la dimensión antropológica de la educación?, ¿acaso no priorizamos el carácter personal de nuestros alumnos? Es decir, ¿estamos considerando que, al igual que sus educadores, los alumnos son personas únicas que tienen una misión en la vida que descubrir y que desarrollar dando lo mejor de sí?
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