Siempre es una maravilla observar los juegos olímpicos, las proezas humanas y la evolución de la actividad humana que debe de estar apoyada con la fortaleza mental, además de una bella convivencia multicultural.
Sin embargo para ser sincero me parece sobrevalorado socialmente y tremendamente mercantilizado. Vaya, para decirlo de otra manera, el ser olímpico ni hace mejor persona a los medallistas (que ya tuvieron grandes ganancias por practicar deporte y recordando que tener un mejor don no siempre hace a las personas mejores), y en varios paises incluido México, solo dejan un rato de placer, sin trascender a nivel social, ni humano (nada mas vale la pena voltear a ver a nuestros medallistas y su vida o educación). Que bueno que han terminado las olimpiadas. Siempre dejan un grato sabor de boca, pero ahora es buen momento para reflexionar y continuar de mejor manera la vida en todas las dimensiones, el espíritu deportivo en todas las personas es lo que aportan estas actividades tan comercializadas: caer, levantarse, aprender y seguir adelante.
Después de estas semanas donde todo giró alrededor de las olimpiadas viene un merecido descanzo a los deportistas y espectadores.
Bien por los "olímpicos" y por los organizadores (aunque se aventaron la tremenda locura de querer prohibir el culto a la religión de los participantes promoviendo el culto al cuerpo y a la actividad deportiva, algo imposible para la naturaleza del ser humano, el ser humano necesita su dimensión trascendental), que alegría ver este evento, pero que alegría que se termino.
Dejo el afiche desde Scriptor y la publicación del NY Times
Genial irreverencia olímpica -incluso para quienes no fumamos- del New Yorker.
Homenaje a los atletas como personas, que pone en evidencia los excesos de reverencia y pseudo-sacralidad: se diría que casi todo el montaje cuenta más que los mismos atletas como personas.
Homenaje también a esos atletas que no han ocultado los signos públicos de sus creencias: son personas completas y no máquinas de ganar o perder medallas, embutidas en marcas y banderas.
Homenaje también para los miles de deportistas anónimos, que nos regalaron sus alegrías y tristezas por unos instantes. Homenaje, finalmente, para el equipo español de baloncesto, que puede volver tranquilo y fumarse un puro tras el espectáculo realmente deportivo que han ofrecido en la final con USA.
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