En algún momento de mi entrevista con varios padres de familia en situación de peligro de ruptura familiar, encontre una situación bastante incongruente y difícil. Uno de los padres de familia, en este caso era una madre, estaba “enamorada” de la “ideología”, la biografía y el “testimonio” de Gandhi. Esta persona a pesar de vivir en una “familia” "católica", creía que sus hijos debían de seguir los pasos del mahatma.
Independientemente de que la realidad es compleja uno de los problemas de la familia era el anterior, querer descubrir algo “nuevo” y de “moda” que me acomode mejor.
Este desorden sentimentalista es grave, ya que aleja de la realidad a las familias y a la persona “engañada”, manipulada por una historia que aunque tiene tintes de bondad, es tan iluso y vacío como la inmensa mayoría que se deja embaucar.
El orden debe prevalecer (incluso en la mente), las ideología o los sentimientos no son importantes, no deben de tomarse en cuenta para una decisión, la realidad y la evidencia deben de ser la pauta de acción, en órden de importancia lo primero es Dios, la familia y después lo demás (incluso uno mismo). Encontre este fin de semana en mi lectura diaria lo siguiente para orientar estas ideologías “espiritualistas” no religiosas que atacan al mundo valiéndose de nombres como el de Gandhi:
“En realidad Ghandi no sería Gandhi sin Jesús, tal y como él mismo reconocío en numerosas ocasiones. En la famosa entrevista concedida a un misionero protestante corresponsal de un periódico ingles, dijo haber tomado directamente del Evangelio el concepto de la “no violencia”, con sus corolarios de “resistencia pasiva” y “no cooperación”. En efecto, su “pacifismo” conserva el fuerte sabor del Nuevo Testamento y poco o nada tiene que ver con el irreal y perjudicial utopismo de tantos occidentales que creen identificarse con su mensaje.
Éstas son palabras textuales de Gandhi:”Si tuviese que escoger entre la violencia y la bajeza, escogería la violencia. Personalmente, me esfuerzo por cultivar el sereno valor de morir antes que matar.
Pero quien no posee este valor, que acepte matar y ser matado antes que rehuir vilmente al peligro. Los desertores cometen un acto de violencia mental: escapan porque no tienen el valor de afrontar la muerte”. Luego añade: “Es mejor la violencia que la cobardía: la no violencia no es una sumisión servil al malvado.” Aquí se percibe el eco del Evangelio que asocia paz con justicia; es la voz viril de Jesucristo que quiere “pacíficos” y no “pacifistas” (que no es lo mismo).
Sería una caricatura del mensaje de Gandhi el intentar apropiarse del mismo bajo esa perspectiva laica, libertaria y hedonista que identifica a tantos movimientos de hoy día, empezando por el radical, pero que también se extiende sobre capas cada vez mas amplias de ex comunistas. Siguiendo con el Mahatma: “La no violencia debe nacer del satyagraha (la fuerza espiritual)”. Y ésta requiere el control, que sólo se obtiene mediante una constante batalla por la pureza y la castidad, de todos los deseos físicos y egoístas”. Una concepción de duro ascetismo que es todo lo contrario de lo que teorizan y practican algunos de los autodenominados “gandhianos” de hoy. Éstos se escandalizarían, además, si supieran que la famosa tolerancia del Maestro tenía un límite establecido: “No debemos tolerar nunca la falta de religión”“*.
*V. Messori, Leyendas Negras de la Iglesia, 15a edición, Planeta, España 2012.
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